En las laderas de Icononzo, Tolima, a más de 1.600 metros sobre el nivel del mar, hay un grupo de personas que decidió convertir la paz en un acto concreto: sembrar café. No como metáfora, como forma de vida, como fuente de ingreso, como demostración de que la reincorporación funciona cuando hay instituciones dispuestas a creer en las personas.
Esas personas conforman la Asociación Agropecuaria Esperanza y Paz: 43 asociados distribuidos en 25 familias, entre firmantes del Acuerdo de Paz y miembros de las comunidades rurales de la vereda Balconcitos. Juntos cultivan 18 hectáreas de café de alta calidad. Un logro que no nació solo.
«Donde otros vieron tierra de conflicto, ellos sembraron esperanza. Ese es el café que hoy nos comprometemos a acompañar.»